polivisual no es un contenedor: es un organismo.
Cada una de sus fracciones —media, studio, agency— opera con su propio pulso, pero comparten un sistema nervioso común. A veces se tocan, otras se observan desde la distancia. Lo importante es que se escuchan.
No buscan converger en una sola forma, sino desplegarse en múltiples direcciones. Son unidades autónomas, pero no aisladas. Se influencian, se transforman, se alimentan de lo que la otra construye. Son ramas de un mismo árbol que no crece en línea recta, sino rizomáticamente, encontrando conexiones donde antes no había caminos.
En polivisual, la colaboración no es una estructura impuesta: es una conversación fluida entre visiones. Un intercambio constante entre lo visible y lo aún no revelado. Entre la idea y su reflejo.
No hay jerarquías, solo flujos.
No hay fronteras, solo puentes.
